Así solucionaron el problema de las salpicaduras en baños públicos: el diseño de urinario que evita derrames
Entrar a un baño público masculino y salir sin manchas de orina es, muchas veces, una cuestión de suerte. Las salpicaduras no solo generan incomodidad, sino que ensucian los espacios, aumentan el gasto en limpieza y empeoran la higiene. Pero un nuevo diseño de urinario promete acabar con este problema de una vez por todas.
Gracias a la física, las matemáticas y la geometría, un grupo de ingenieros ha desarrollado dos modelos innovadores: Cornucopia y Nautilus. Ambos eliminan casi por completo las salpicaduras al orinar y podrían transformar los baños públicos en lugares mucho más limpios.
Un problema de más de un siglo
Aunque han pasado más de 100 años desde que Marcel Duchamp presentó su famoso urinario convertido en obra de arte, el diseño de este objeto apenas ha cambiado. La mayoría de los urinarios actuales tienen superficies planas o levemente curvas. Eso hace que el chorro de orina impacte directamente, provocando las temidas salpicaduras.
Según un estudio reciente publicado en PNAS Nexus, los baños públicos de Estados Unidos pierden más de un millón de litros de orina al día debido a este problema. Y cada litro derramado requiere unos 10 litros de agua para limpiar. El resultado: un enorme desperdicio de agua y productos de limpieza.
La clave está en el ángulo
El equipo liderado por Zhao Pan, de la Universidad de Waterloo, descubrió que el ángulo de impacto entre el chorro y la superficie es la clave. Si ese ángulo es menor a 30 grados, las salpicaduras se reducen en un 95 %. Este dato se comprobó con ensayos usando chorros de agua para simular la orina humana.
Este ángulo funciona independientemente de la altura o fuerza del chorro. Lo importante es que el diseño del urinario obligue a que el líquido siempre llegue con una inclinación menor a esos 30 grados.
Geometría para mantener la higiene
Con ese dato en mente, los investigadores aplicaron un principio geométrico: las curvas isogonales. Estas permiten mantener un ángulo constante con cualquier línea que las atraviese.
Así crearon los modelos Cornucopia y Nautilus. El primero tiene forma de espiral cerrada, como un cuerno. El segundo se inspira en el nautilus marino y sus curvas perfectas. Ambos garantizan que el chorro impactará siempre en la superficie con el ángulo correcto.
¿Funcionan de verdad?
Sí. Los científicos construyeron prototipos y los probaron en laboratorio. Simularon la orina humana y colocaron papel absorbente en el suelo para medir salpicaduras.
El modelo Cornucopia redujo las gotas expulsadas a solo un 1,4 % comparado con un urinario tradicional. Nautilus tuvo resultados similares, con la ventaja de ser más accesible para personas con diferentes alturas o movilidad reducida.
Menos suciedad, menos gasto
Adoptar estos diseños no solo mejora la higiene. También reduce los costos de limpieza y el uso de agua. En Estados Unidos, reemplazar los 56 millones de urinarios públicos con el modelo Nautilus evitaría hasta 10 millones de litros de agua desperdiciados al día.
En lugares como el metro de Toronto, donde cada baño público cuesta más de 120.000 dólares al año en mantenimiento, el ahorro sería notable.
¿Y si lo usamos al revés?
De forma curiosa, los investigadores también propusieron un uso inverso: diseñar superficies que provoquen el máximo de salpicaduras para disuadir a quienes orinan en la vía pública. Estas superficies, llamadas urine-no, devuelven las gotas al infractor. Una solución creativa para zonas donde este comportamiento es frecuente.
¿Cuándo estarán disponibles?
Los modelos Cornucopia y Nautilus todavía son prototipos. Pero no requieren materiales caros ni tecnología compleja. Pueden fabricarse con cerámica común y adaptarse a los urinarios actuales. Solo falta que fabricantes y autoridades se animen a implementarlos.
Resolver un problema cotidiano que afecta a millones con ciencia y diseño parece una oportunidad que no se debería dejar pasar.





