Zahra Ali: la joven afgana que fabrica baterías limpias en secreto para empoderar a otras mujeres

Con solo 23 años, desafía las restricciones de los talibanes creando bancos de energía renovable desde su casa en Kabul.
En medio del régimen talibán, donde las mujeres enfrentan severas restricciones, Zahra Ali, de 23 años, se ha convertido en un símbolo de innovación y resiliencia en Afganistán. Desde su hogar en Kabul, desarrolla baterías portátiles y sostenibles que funcionan con energía solar, eólica, hidráulica y hasta con la carga de vehículos.
Su proyecto, impulsado por la necesidad de electricidad en comunidades remotas, ofrece una solución práctica para personas sin acceso a energía. “Una persona en cualquier rincón de Afganistán puede acceder a corriente alterna y continua con estos dispositivos”, explicó Zahra en una entrevista con EFE.
Ali comenzó este camino guiada por Hasibullah Naibkhil, un ingeniero afgano con experiencia en Dubái. Juntos fundaron un pequeño taller donde, con un equipo de cinco personas, fabrican artesanalmente cada batería. La escasez de recursos tecnológicos los obliga a trabajar a mano, lo que aumenta los residuos y limita la producción.
Las restricciones impuestas por los talibanes a la presencia femenina en el ámbito laboral y público complican aún más su labor. “En Afganistán, si una mujer trabaja, piensan que tiene malas intenciones”, denunció Ali. Para protegerse, suele ser presentada como la esposa de Naibkhil, aunque eso también genera críticas. “Le dicen que es deshonroso traer a su ‘esposa’ al trabajo”, comentó.
Motivada por la educación de las niñas, Zahra soñaba con ser periodista. Pero al ver cómo se cerraban escuelas para mujeres, decidió crear un dispositivo que permitiera a las jóvenes seguir estudiando desde sus casas. “No quería que se quedaran atrás”, dijo con firmeza.
Pese a su esfuerzo y compromiso, las limitaciones económicas son una barrera constante. “No podemos adquirir muchos de los componentes que necesitamos. Todo lo hacemos de forma manual”, lamentó.
La situación de las mujeres afganas ha empeorado desde que los talibanes retomaron el poder en 2021. Con la imposición de la ley para “promover la virtud y prevenir el vicio”, las restricciones al trabajo, la educación y la movilidad femenina se han vuelto más severas.







