Provincia afgana prohíbe mostrar imágenes de seres vivos en medios para cumplir leyes talibanes
El Ministerio de Vicio y Virtud de Afganistán ha impuesto nuevas reglas que prohíben a los medios de comunicación mostrar imágenes de seres vivos, como parte de la aplicación de sus leyes de moralidad. Esta medida fue anunciada en la provincia de Helmand, donde las autoridades locales exigieron que todos los medios cesen de publicar fotos y videos de personas o animales de inmediato. La normativa se deriva del Artículo 17, el cual forma parte de las leyes que rigen la vida cotidiana en Afganistán desde la toma de poder por los talibanes.
Esta no es la primera provincia en adoptar tales medidas. Anteriormente, las provincias de Takhar, Maidan Wardak y Kandahar ya habían comenzado a implementar estas restricciones. Sin embargo, ningún otro país de mayoría musulmana, como Irán o Arabia Saudita, aplica normas similares.
Implicaciones de la censura
En la década de 1990, durante su primer mandato, los talibanes prohibieron la mayoría de los medios de comunicación, incluidos periódicos, radios y televisoras. Ahora, además de restringir imágenes de seres vivos, el gobierno talibán ha prohibido la publicación de 400 libros que considera contrarios a los valores islámicos y afganos.
Estos libros han sido retirados de circulación y sustituidos por textos religiosos, incluyendo el Corán. Según el portavoz del Ministerio de Información y Cultura, Khubaib Ghofran, se trata de libros que, en su opinión, han sido escritos con la intención de destruir la unidad y la cultura del país.
Restricciones a las mujeres y a la libertad
El regreso de los talibanes al poder en 2021 ha sido marcado por la promesa de respetar los derechos de las mujeres, algo que no se ha cumplido. Las mujeres han sido excluidas de puestos de trabajo y poder político, además de enfrentar severas restricciones para estudiar.
Durante el mandato anterior de los talibanes, entre 1996 y 2001, las mujeres no podían salir de casa sin un acompañante masculino, y muchas de ellas no podían trabajar o estudiar. Las acusaciones de adulterio eran castigadas con azotes o incluso la muerte por lapidación.





