Supercentenarios de Brasil revelan claves genéticas de la longevidad extrema sin dietas ni medicina sofisticada

Un estudio destaca la resiliencia biológica y la diversidad genética como factores centrales para vivir más de 110 años
¿Es posible superar los 100 e incluso los 110 años con lucidez y autonomía, sin dietas especiales ni atención médica de alta complejidad? Un nuevo estudio sobre supercentenarios brasileños sugiere que la respuesta está en la resiliencia biológica y en la extraordinaria diversidad genética del país.
Según datos citados por el Journal da USP, Brasil alberga a más de 37.000 personas centenarias. Dentro de este grupo, los supercentenarios, quienes superan los 110 años, se han convertido en el foco de la investigación científica por sus características excepcionales. Brasil posee un lugar destacado en este ámbito: tres de los diez supercentenarios masculinos validados más longevos del mundo son brasileños, incluido el hombre vivo de mayor edad, nacido en 1912. En el caso de las mujeres, el país también sobresale, con varias supercentenarias entre las más longevas del planeta.
Diversidad genética como ventaja evolutiva
Un artículo liderado por la doctora Mayana Zatz, del Centro de Investigación del Genoma Humano y Células Madre de la Universidad de São Paulo, y publicado en la revista Genomic Psychiatry, sostiene que el mestizaje característico de Brasil podría ser un factor clave para explicar esta longevidad extrema.
La investigación plantea que la mezcla genética entre poblaciones de origen europeo, africano, indígena y japonés habría favorecido la aparición de variantes protectoras únicas. Estas variantes contribuirían no solo a una vida más larga, sino también a una mejor calidad de vida en edades avanzadas.
Los investigadores describen a los supercentenarios como un modelo humano excepcional, con perfiles inmunitarios, genéticos y metabólicos que fomentan la resistencia al deterioro asociado al envejecimiento. En este contexto, Brasil aparece como un laboratorio natural poco explorado para comprender la longevidad humana.
Supercentenarios y resistencia al COVID-19
Uno de los aspectos más llamativos del estudio es la respuesta inmunológica frente a la pandemia. Tres supercentenarios brasileños lograron sobrevivir al COVID-19 en 2020 sin haber sido vacunados, desarrollando respuestas inmunes robustas, con altos niveles de anticuerpos neutralizantes.
Los análisis revelan que estos individuos conservan mecanismos celulares típicos de edades más jóvenes, como una alta actividad proteasomal, autofagia funcional y células inmunes con gran capacidad de respuesta. Además, se identificaron variantes raras en genes relacionados con el sistema inmune y la estabilidad de las proteínas, lo que sugiere que su envejecimiento inmunológico es una adaptación y no un simple deterioro.
Una cohorte única para estudiar la longevidad
El equipo de investigación ha reunido una cohorte de más de 160 centenarios, incluidos 20 supercentenarios validados, provenientes de distintos contextos sociales y culturales. Muchos de ellos mantuvieron su autonomía y lucidez a lo largo de su vida, pese a haber tenido un acceso limitado a la medicina moderna.
Entre los casos destacados figura el de una mujer de 109 años con familiares directos que también superan los 100 años, lo que refuerza la hipótesis de una heredabilidad de la longevidad extrema y abre nuevas líneas de estudio sobre la interacción entre genética y epigenética.
Resiliencia como eje de la longevidad
Más allá de la genética, los autores subrayan que la clave está en la resiliencia sistémica. Los supercentenarios no solo viven más, sino que resisten activamente los procesos biológicos asociados al envejecimiento.
El equipo apuesta ahora por estudios multiómicos y análisis funcionales que permitan identificar variantes protectoras específicas de la población brasileña. También hacen un llamado a la comunidad científica internacional a incorporar poblaciones diversas en la investigación, con el objetivo de avanzar hacia una medicina de precisión más equitativa.
Comprender los mecanismos que permiten a estas personas alcanzar edades extremas con buena calidad de vida podría transformar el enfoque del envejecimiento saludable a nivel global.







