Bailar en medio de la guerra: la cultura rave se transforma en resistencia en Ucrania

A cuatro años del inicio de la invasión rusa, la vida nocturna en Kyiv ha adoptado un nuevo significado. Para muchos jóvenes ucranianos, reunirse a bailar música electrónica no es solo ocio, sino una forma de resistencia cultural frente a la guerra que continúa golpeando al país.
En clubes como Closer, uno de los espacios más conocidos de la escena electrónica local, las luces rojas y el ritmo del techno crean un ambiente que permite, por unas horas, olvidar las sirenas antiaéreas y los bombardeos.
“Es lo que nos ayuda a mantener la cordura”, explicó Valeriia Shablii, de 32 años, durante un evento organizado para celebrar Maslenytsia. “Es un equilibrio entre la guerra y la vida”.
La guerra que comenzó con la invasión a gran escala de Rusia contra Ucrania en febrero de 2022 ha alterado profundamente la vida cultural del país. Muchos clubes cerraron y varios artistas abandonaron el territorio o se sumaron a las fuerzas armadas. Sin embargo, otros decidieron mantener viva la escena musical como símbolo de resiliencia.
“Decimos que bailaremos sobre la tumba de Putin”, afirma Shablii, sintetizando el espíritu desafiante que se respira en estas reuniones.
La tradición de resistencia en la escena electrónica ucraniana no es nueva. Tras la caída de la Unión Soviética en los años noventa, el país vivió una explosión cultural que permitió la expansión de las raves y festivales de música electrónica. Espacios industriales abandonados y puentes urbanos se transformaron en lugares de libertad creativa.
Ese movimiento alcanzó gran notoriedad a mediados de la década de 2010 con eventos como Cxema, grandes fiestas underground que reunían a miles de jóvenes en Kyiv. Según su fundador, Slava Lepsheiev, estos encuentros siempre estuvieron ligados a la idea de comunidad y expresión libre.
Después de la invasión rusa, ese espíritu cambió de dirección. “Antes la resistencia era contra la herencia soviética y la corrupción”, explica Lepsheiev. “Ahora está dirigida contra el enemigo. Nos reunimos y bailamos para mantenernos fuertes”.
La guerra también ha modificado la forma en que se organizan los eventos. Debido al toque de queda nocturno impuesto por razones de seguridad, muchas raves se realizan durante el día y con menos asistentes.
En ciudades cercanas al frente, como Járkiv, el impacto del conflicto es aún más evidente. El promotor musical Anton Nazarko asegura que algunos soldados visitan los clubes cuando regresan temporalmente de las trincheras.
“Por la mañana están combatiendo y por la noche vienen a bailar”, explica. “Bailan como si fuera su último día”.
El local que gestiona su colectivo musical fue reconstruido después de que su sede original fuera bombardeada al comienzo de la guerra. Hoy funciona también como refugio antiaéreo y cuenta con generadores eléctricos para continuar las actividades durante los apagones provocados por los ataques rusos.
Pero no todos permanecieron en la pista de baile. El DJ y productor de techno Daniel Detcom dejó la escena musical para unirse al ejército ucraniano. Actualmente sirve como sargento segundo tras haber trabajado como operador de drones en el frente.
“Antes eran días despreocupados”, recuerda. “La vida nunca volverá a ser la misma”.
Aun así, Detcom sigue produciendo música desde su computadora portátil cuando está fuera del frente y ocasionalmente participa en eventos durante sus permisos militares. Sin embargo, la experiencia de salir de fiesta cambió: ahora siempre lleva botiquines de primeros auxilios y se mantiene sobrio por precaución.
Mientras tanto, la guerra también abrió nuevas oportunidades para artistas emergentes. Con menos DJs internacionales dispuestos a viajar al país, los clubes han dado mayor espacio a productores locales.
El director artístico de la escuela de DJ Kultura Zvuku en Kyiv, Denys Yurchenko, afirma que una nueva generación está apareciendo en la escena electrónica ucraniana. Además, parte de los ingresos de eventos y compilaciones musicales se destina a apoyar el esfuerzo de guerra.
Para quienes siguen reuniéndose en los clubes, la música representa algo más que entretenimiento. Es una forma de mantener viva la identidad cultural en medio del conflicto.
Después de cuatro años de guerra, la pista de baile se ha convertido en un lugar donde la resistencia, la esperanza y la vida cotidiana continúan encontrándose.






