domingo 19 de julio 2026
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Yapu Kamanis: Guardianes de los Cultivos a 3.800 Metros de Altura

Yapu Kamanis: Guardianes de los Cultivos a 3.800 Metros de Altura
Por Sala de redacción
noviembre 5, 2024 - 22:10

A una altitud de 3.800 metros, cultivar alimentos representa un verdadero reto. Es una lucha constante contra el granizo, heredando conocimientos ancestrales para enfrentar un clima cambiante, donde un día hay vientos, al siguiente heladas, y luego sequías. Este esfuerzo se lleva a cabo en Huancollo, un ayllu aymara de Tiahuanacu, Bolivia, a 67 kilómetros de La Paz, gracias a figuras conocidas como Yapu Kamani, o guardianes del campo.

Cada 30 de noviembre, coincidiendo con la festividad de San Andrés y la llegada de la temporada de siembra, la comunidad, compuesta por 170 familias, celebra una fiesta que dura dos días. Este evento dual se realiza para nombrar a dos nuevos Yapu Kamanis, quienes se encargarán de proteger los campos comunitarios (aynoca) y las áreas en las laderas del cerro Copallica. La ceremonia comienza con una misa católica seguida de una wajta, o ofrenda, realizada por un amauta (sabio aymara) a la Pachamama.

Durante ambas ceremonias, los comunarios piden que el granizo no destruya las cosechas, que la sequía, que se ha vuelto habitual en el altiplano boliviano, desaparezca, y que las heladas no afecten sus cultivos.

El aynoca, el terreno colectivo preparado para recibir las semillas en Tiahuanacu, simboliza la unidad y el esfuerzo de la comunidad. En el transcurso de la ceremonia, los nuevos Yapu Kamanis reciben ponchos verdes hechos a mano y látigos de cuero trenzado como símbolo de su nueva responsabilidad. El sonido del pinquillo, una flauta hecha de caña o madera, marca el inicio de la celebración.

Seis meses después, en vísperas de la Fiesta de la Cruz, el 3 de mayo, los Yapu Kamanis completan su tarea. En este día, las autoridades originarias que los designaron les quitan los atuendos ceremoniales, devolviéndolos a su vida cotidiana. “Aun si la sequía ha dañado las cosechas, se agradece a la Pachamama y se pide por un mejor año venidero”, comenta Leonardo Laura, un ex Yapu Kamani con una sonrisa amable.

La Lucha Física y Espiritual

La organización social y política de las comunidades aymaras se encuentra estrechamente vinculada al ciclo agrícola, tal como se refleja en la tesis de Antropología de Jannet Mery Patzi Apaz. Por lo tanto, la gestión y protección de los cultivos es una responsabilidad asumida tanto en el ámbito físico como en el espiritual.

Víctor Nina Limachi, un médico naturista de 69 años y exautoridad aymara de Huancollo, explica que el cargo de Yapu Kamani se rota entre dos familias. Cada familia decide quién asumirá el papel, y si hay un viudo o viuda, puede ser acompañado por un hijo o hija. Si no hay pareja, deberá asumir la tarea solo.

Desde el momento en que se coloca el poncho verde, el Yapu Kamani es guiado por uno de los amautas, pero también debe confiar en su intuición para enfrentar el clima adverso. El amauta, por su parte, se encarga de “leer” en la hoja de coca para predecir si será un buen año o si se requieren rituales para contrarrestar malos presagios.

Una vez sembrada la tierra, tras las primeras lluvias de noviembre o diciembre, el guardián erige una pequeña casa llamada ch’ujllu uta, con palos, paja y plásticos al lado de los cultivos. Desde allí, debe proteger diariamente la cosecha de posibles fenómenos climáticos. “Se ch’alla con alcohol o cerveza; antes se hacía con chicha de quinua”, dice Víctor. “Diariamente, se utilizan leños y estiércol de ganado para hacer humo”.

Cuando el cielo se oscurece anunciando una tormenta, el Yapu Kamani se prepara para la granizada. Comienza a fumar cigarrillos, recitando en aymara para ahuyentar el fenómeno. “Si el granizo amenaza, saca el látigo y se enfrenta a él como rivales. Antes no se usaban cohetes; ahora sí”, añade Nina.

La socióloga Ruth Bautista describe este acto como un “combate físico y espiritual con el granizo”. En caso de heladas, el procedimiento depende de las instrucciones del amauta, quien debe leer la coca y orientar al Yapu Kamani sobre cómo proceder. Ante la sequía, las súplicas al dios cristiano y a las deidades andinas son fundamentales, y según Leonardo, “siempre hemos logrado alguna producción, aunque sea mínima”.

Salud y Cambio de Hábitos

Víctor Nina cumplirá 70 años en marzo. Con una voz pausada y rasgos marcados, ha aprendido de sus ancestros antes de convertirse en un médico naturista reconocido en Bolivia. Como máxima autoridad de su comunidad, recuerda con nostalgia las tradiciones sagradas aymaras de su infancia. Hoy, lamenta cómo el tiempo ha simplificado procesos, incluida la siembra, que antes se realizaba con bueyes y burros, y ahora se hace con maquinaria. “Ya no se habla con las semillas ni se les agradece al sembrar. Tampoco se emplea estiércol de oveja para proteger los cultivos de quinua de plagas, y se introducen variedades nuevas que no resisten el clima”, comenta.

Además, el Yapu Kamani ya no cumple estrictamente ciertas costumbres. Aunque debe residir en la ch’ujllu uta durante su mandato de seis meses, ahora puede ausentarse unas horas a La Paz con permiso de las autoridades. Anteriormente, ni siquiera podía asistir a un velorio, pues se creía que la pérdida de un ser querido podía distraerlo de su labor.

Durante la Fiesta de la Cruz, los Yapu Kamanis dejan su cargo, completando su deber de cuidar los cultivos.

Estos cambios también se reflejan en la alimentación de las comunidades aymaras. Según Nina, antes, la comunidad era autosuficiente, cultivando desde diversas variedades de patatas hasta cebada, utilizada para hacer pan o refrescos. El consumo de carne era escaso, limitándose a algunos trozos de llama o oveja en forma de carne seca.

Hoy, Huancollo ha evolucionado de una comunidad agrícola a una ganadera, con habitantes que crían vacas para vender leche a industrias locales. Aunque los cultivos actuales se centran en la patata, un alimento esencial, la dieta ha cambiado, intercambiando tubérculos y cereales andinos por fideos y arroz.

“Ahora trato problemas como estreñimiento, caries, y los jóvenes usan gafas desde los 15 años. Estoy viendo más estrés, artritis y cálculos biliares o renales. Antes, la gente consumía infusiones de sik’i (una hierba andina) o diente de león como verduras, pero ahora todo está contaminado y la alimentación es deficiente”, afirma el médico naturista. Sin embargo, la tradición de los Yapu Kamanis persiste, ya que alguien debe garantizar el sustento de la comunidad.

Los habitantes de Huancollo están comprometidos a permanecer en su tierra. Desde 2022, han apostado por el turismo comunitario, buscando beneficios colectivos y asumiendo responsabilidades compartidas. Han inaugurado un museo para exhibir su cultura y las hierbas utilizadas en un hospital de medicina natural, construido en la década de 1970 y cerrado por un tiempo. Ahora que Víctor está a cargo, promete ofrecer servicios para “sanar el alma y el cuerpo”, manteniendo la esencia de un Yapu Kamani.

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