De Moscú a Teherán: la alianza secreta que no pudo salvar el complejo nuclear de Fordow
La planta nuclear de Fordow, situada bajo una montaña a unos 90 kilómetros de Teherán, era uno de los enclaves más protegidos del programa nuclear iraní. Enterrada bajo 80 metros de roca sólida y resguardada por defensas antiaéreas rusas, su estructura fue concebida para resistir ataques directos. Durante años, Fordow operó como un símbolo de la estrategia de supervivencia del régimen de Teherán.
Este sábado, Estados Unidos confirmó la destrucción del complejo, junto con las instalaciones de Natanz y Esfahan. El presidente Donald Trump anunció que “una carga completa de bombas fue lanzada” sobre el sitio, lo que marcó el mayor ataque estadounidense contra infraestructura nuclear iraní hasta la fecha.
Fordow había sido revelada en 2009 por EE.UU., Reino Unido y Francia, quienes acusaron a Irán de mantener actividades incompatibles con fines civiles. Pese a las presiones internacionales, el gobierno iraní insistió en que el proyecto era legal.
Durante el acuerdo nuclear de 2015, Irán accedió a reconvertir la planta en un centro de investigación, limitando el número de centrifugadoras y suspendiendo temporalmente el enriquecimiento de uranio. Sin embargo, tras el retiro de Estados Unidos del pacto en 2018, Irán reactivó el complejo y comenzó a enriquecer uranio al 60 %, acercándose a niveles armamentísticos. Según cálculos del OIEA, el país podría fabricar suficiente material para nueve armas nucleares en solo tres semanas.
La instalación estaba equipada con misiles S-300 de fabricación rusa, contaba con túneles de acceso, búnkeres reforzados y personal capacitado en contención radiológica. El sitio fue diseñado para impedir cualquier incursión sin el uso de bombas de gran potencia, como la GBU-57 A/B, lanzada únicamente desde bombarderos B-2 Spirit de Estados Unidos.
Aunque la Agencia Internacional de Energía Atómica (OIEA) aseguró que no hubo impacto radiológico externo, advirtió sobre los riesgos de una escalada militar. El material almacenado en Fordow, incluido el hexafluoruro de uranio, representa un peligro potencial en caso de liberación, ya que puede convertirse en un gas letal si entra en contacto con el agua.
En paralelo, Irán avanza en la construcción de una nueva instalación aún más profunda y protegida: la planta conocida como “Pickaxe”, ubicada cerca de Natanz. Se teme que este nuevo sitio, aún sin acceso para inspectores internacionales, pueda ser clave en la fabricación futura de armas nucleares si el conflicto continúa escalando.





