El estremecedor relato del “Psicópata de Placilla”: asesinatos, confesiones y una vida marcada por la violencia
Erasmo Antonio Moena Pinto cumple presidio perpetuo en Chile por una serie de crímenes que estremecieron al país. En 2010, asesinó a dos mujeres en solo seis horas, pero su historial delictivo comenzó décadas antes, con violaciones, robos y un crimen confesado en 1991 cuyo cuerpo jamás apareció. Conocido como el “Psicópata de Placilla”, Moena nunca mostró arrepentimiento y reveló detalles escalofriantes en una entrevista televisiva.
De joven promesa a asesino confeso
Nacido en Tomé en 1970, Moena tuvo una infancia sin abusos y destacó por su inteligencia. Sin embargo, desde temprana edad mostró actitudes sexuales inapropiadas y una creciente inclinación a la violencia. A los 14 años fue expulsado del colegio y a los 20 ya había cometido su primer asalto.
En 1991, confesó haber asesinado y descuartizado a un amigo peluquero, Marco Antonio Cortés, arrojando sus restos al río Itata. Aunque reconoció el crimen ante conocidos y cómplices, la justicia no logró condenarlo al no encontrarse el cuerpo.
“Creo que todos los días de mi vida me voy a arrepentir por lo que hice”, declaró una de las personas que presenció cómo Moena quemó el cadáver, según consignó el medio chileno La Cuarta.
Una vida marcada por el crimen
Durante los años siguientes, Moena entró y salió de prisión por diversos delitos, acumulando 18 años tras las rejas. Pero fue en abril de 2010, recién liberado, cuando cometió los crímenes que conmocionaron a todo Chile.
Mediante un falso anuncio laboral, engañó a Loreto López (39), a quien llevó al sector de Placilla en Viña del Mar, donde la violó y asesinó. Seis horas más tarde, Andrea Quappe (43), amiga de Loreto, cayó en la misma trampa y fue brutalmente asesinada con una piedra en la cabeza.
“Cuando algo me estorba, simplemente me deshago de ello”, declaró fríamente en televisión.
Un perfil sin empatía ni remordimiento
La policía detuvo a Moena dos días después, gracias a una operación encubierta. En su poder hallaron ropa interior de las víctimas, una pistola y cinco autos, dos de ellos pertenecientes a las mujeres asesinadas.
Durante el juicio, fue diagnosticado con trastornos de personalidad “narcisista”, “sádico” y “antisocial”. Nunca mostró arrepentimiento. “A lo mejor no me van a perdonar nunca. Tampoco me interesa”, dijo en el tribunal.
En su única entrevista televisiva, dejó una inquietante reflexión:
“Un monstruo no nace, se hace”.
Moena cumple una condena de presidio perpetuo calificado sin posibilidad de beneficios hasta 2071. Su caso se convirtió en uno de los más impactantes del crimen chileno contemporáneo.





