Brasil en alerta por el avance del neonazismo y el extremismo violento
Desde la Black Sun Rising Militia hasta la Operación Núremberg, mientras la ONU advierte sobre la expansión de células radicalizadas
Brasil enfrenta una creciente amenaza del extremismo violento, con grupos neonazis organizados, redes transnacionales activas y una preocupación creciente de organismos internacionales que alertan sobre la insuficiente respuesta institucional frente al fenómeno.
El caso que reactivó las alarmas internacionales
En Brasil volvió a encenderse la alerta por el avance del neonazismo tras conocerse nuevos antecedentes sobre la Black Sun Rising Militia, un grupo extremista de inspiración neonazi que operaba en la plataforma cifrada Signal con planes concretos de atentados terroristas.
Su fundador, Vincent Weidlich, ciudadano estadounidense de 30 años, con ascendencia germano brasileña y formación en inteligencia artificial y neurociencias, fue detenido en Brasil el 14 de octubre de 2024. Recientemente, y pese al carácter reservado del proceso judicial, fue condenado en San Pablo por planear actos terroristas e incitar públicamente al genocidio. Su defensa alegó problemas de salud mental, mientras su padre negó la veracidad de los hechos ante la prensa internacional.
Una estructura operativa más allá de la propaganda
De acuerdo con la especialista brasileña Michele Prado, fundadora de Stop Hate Brasil y asesora del Centro para la Prevención de la Violencia Extrema de la Fiscalía de Rio Grande do Sul, Black Sun Rising Militia no era un simple grupo ideológico.
Según explicó, el análisis de los mensajes internos demostró que se trataba de un entorno operativo real, clasificado como extremismo violento motivado racial y étnicamente. El grupo planificaba ataques coordinados que debían ejecutarse el 16 de octubre de 2024, no solo en Brasil, sino también en otros países.
Los objetivos incluían sinagogas, centros judíos, embajadas israelíes, mezquitas, espacios para migrantes, bancos, empresas tecnológicas y farmacéuticas, medios de comunicación y edificios gubernamentales occidentales. El propósito era generar terror, desatar el caos y provocar una guerra racial.
Incitación directa a la violencia y manuales terroristas
Las autoridades brasileñas confirmaron que el grupo contaba con alrededor de 150 miembros repartidos entre Europa, Estados Unidos y Australia. En el canal cifrado de Signal se difundían mensajes que promovían el uso de sustancias químicas para atacar a judíos, llamados a provocar violencia contra musulmanes y estrategias para debilitar democracias occidentales, a las que el grupo atribuía un supuesto control judío.
Prado tuvo acceso directo al contenido del grupo y detalló que se compartían manuales técnicos con tácticas, técnicas y procedimientos terroristas, incluidos explosivos y armas químicas, además de simbología nazi, glorificación de atentados y discursos de odio sistemáticos que deshumanizaban a los objetivos.
Tras la detención de Weidlich, el grupo se disolvió y varias de sus células, incluida una en Hungría, fueron desmanteladas.
Un ecosistema extremista más amplio en Brasil
Para la experta, el fenómeno no se limita a un solo grupo. El panorama brasileño es complejo y multifactorial. Actualmente persisten actores vinculados al Terrorgram Collective, el crecimiento de formas incipientes de extremismo islámico violento y la proliferación de grupos de extrema izquierda en procesos de armamento.
La amenaza emergente más preocupante, sin embargo, corresponde a los grupos de extremismo violento nihilista asociados a la red transnacional COM/764, un ecosistema descrito como sádico, satanista y neonazi. Brasil lidera junto con Estados Unidos los índices de incidentes relacionados con esta red, que incluye incitación al suicidio, automutilación y planificación de ataques contra escuelas y minorías.
Estas redes operan de forma descentralizada y multiplataforma. Telegram se utiliza para coordinación y archivo, mientras el reclutamiento comienza en videojuegos, redes sociales como Instagram y X, foros y chats aparentemente inofensivos.
La Operación Núremberg y el neonazismo organizado
A fines de octubre, el Grupo de Acción Especial de Combate a las Organizaciones Criminales de Santa Catarina lanzó la Operación Núremberg, una acción simultánea en los estados de Santa Catarina, San Pablo, Paraná y Sergipe.
La operación desmanteló a Misanthropic Division, considerada una de las organizaciones neonazis más estructuradas y violentas aún activas en Brasil. Durante los allanamientos se incautaron armas blancas, objetos de apología nazi y dispositivos electrónicos.
Las investigaciones revelaron una organización jerárquica, con cuotas mensuales obligatorias, fichas de inscripción, producción de propaganda, reuniones presenciales y rituales de iniciación. Sus miembros se autodenominaban skinheads neonazis y utilizaban el símbolo del Sol Negro, modificado con la imagen de un rifle AK-47, como exaltación explícita de la violencia ideológica.
La advertencia de Naciones Unidas
En junio de 2024, la relatora especial de la ONU sobre racismo y discriminación racial, Ashwini K.P., publicó un informe tras visitar Brasil y reunirse con representantes de la sociedad civil. En él alertó sobre la proliferación de células neonazis, especialmente en el sur del país, y las describió como peligrosos impulsores del odio racial y la violencia.
La relatora expresó preocupación por la apatía de autoridades locales y recomendó reforzar el marco legal contra el discurso de odio, mejorar la cooperación con empresas tecnológicas y adoptar medidas urgentes para frenar la expansión neonazi.
El informe también documenta violencia escolar, grafitis nazis y amenazas con simbología extremista. En 2023, Brasil fue sacudido por una serie de ataques contra escuelas, incluido el asesinato de cuatro niños en una guardería de Blumenau, un hecho vinculado por las autoridades a la radicalización neonazi en línea.
Un desafío estructural pendiente
Según Prado, Brasil aún se encuentra en una etapa inicial en la prevención del extremismo violento. La ausencia de una lista oficial de organizaciones terroristas dificulta la cooperación internacional y el encuadre jurídico de estos delitos.
Además, advierte que abordar el extremismo solo desde una lógica política o electoral constituye un error estratégico frente a amenazas transnacionales, híbridas y altamente adaptables.





