Por qué guardar celulares antiguos en casa puede convertirse en un riesgo silencioso
Expertos alertan sobre baterías deterioradas, fugas químicas y peligro de incendios en teléfonos en desuso
Conservar celulares antiguos en cajones o armarios es una práctica habitual en muchos hogares, sin embargo, especialistas advierten que estos dispositivos pueden transformarse en un riesgo real para la seguridad doméstica debido al deterioro de sus baterías.
Un hábito común con consecuencias poco conocidas
Millones de personas guardan teléfonos móviles antiguos sin volver a encenderlos durante años. Aunque parezca inofensivo, expertos en tecnología y seguridad advierten que los celulares en desuso, especialmente aquellos con baterías de iones de litio envejecidas, pueden provocar accidentes dentro del hogar.
De acuerdo con cifras de la GSMA, existen más de 16.000 millones de teléfonos móviles en el mundo y cerca de 5.000 millones ya no se utilizan. Muchos de estos dispositivos permanecen almacenados sin ningún tipo de revisión, acumulándose con el paso del tiempo a medida que los usuarios renuevan sus equipos.
El problema oculto de las baterías de litio
Prácticamente todos los teléfonos móviles, independientemente de su marca o precio, utilizan baterías de iones de litio. Este tipo de batería tiene una vida útil limitada y se degrada incluso cuando el dispositivo no está en funcionamiento.
Cuando un celular permanece apagado durante meses o años, la batería puede sufrir un deterioro interno progresivo. Uno de los primeros signos visibles es la hinchazón, que puede deformar la carcasa, levantar la pantalla o generar grietas. En casos más graves, este proceso puede derivar en fugas de electrolito, una sustancia química capaz de liberar gases tóxicos e inflamables.
Un riesgo que no es menor
Organismos especializados han advertido que el problema es masivo. En Europa, por ejemplo, se estima que existen cerca de 700 millones de celulares abandonados en hogares, lo que representa no solo un desafío ambiental, sino también un problema de seguridad.
El riesgo aumenta cuando estos dispositivos se almacenan en espacios cerrados, sin ventilación o cerca de materiales inflamables. En estos entornos, una batería deteriorada puede sobrecalentarse y, en situaciones extremas, provocar un incendio.
No solo afecta a los celulares
Los especialistas subrayan que este riesgo no se limita únicamente a los teléfonos móviles. Otros dispositivos electrónicos con baterías de litio, como tablets, consolas portátiles, cámaras, controles inalámbricos o juguetes electrónicos, pueden experimentar el mismo proceso de degradación con el paso del tiempo.
A medida que las celdas internas envejecen, aumenta la presión dentro de la batería, lo que compromete la integridad del dispositivo. En muchos casos, el deterioro pasa desapercibido hasta que el daño ya es evidente o ocurre un incidente.
Qué hacer con los celulares viejos
Ante este escenario, los expertos recomiendan revisar periódicamente los dispositivos electrónicos almacenados en casa. Una buena práctica es elaborar un listado de los aparatos en desuso y comprobar su estado al menos una vez al año, prestando atención a signos como hinchazón, calor residual, olores extraños o deformaciones visibles.
Si se detecta un celular con la carcasa abultada o la pantalla levantada, no se recomienda encenderlo ni intentar desmontarlo. La opción más segura es llevarlo a un punto limpio, centro de reciclaje autorizado o servicio técnico especializado, donde puedan retirar la batería y gestionar el residuo de forma adecuada.
Los especialistas desaconsejan seguir tutoriales caseros para extraer baterías dañadas, ya que una manipulación incorrecta puede provocar cortocircuitos, quemaduras o incendios.
Reutilizar antes que acumular
Otra alternativa para reducir riesgos y residuos electrónicos es reutilizar los celulares antiguos. En algunos casos, es posible reemplazar la batería por una nueva en servicios técnicos especializados.
Aunque estos dispositivos ya no sean compatibles con aplicaciones modernas, pueden seguir cumpliendo funciones básicas, como reproductores de música, despertadores, navegadores para el automóvil, cámaras de vigilancia doméstica o controles remotos. De esta manera, se prolonga su vida útil y se evita que queden olvidados en un cajón, con los riesgos que ello implica.





