El debate sobre la eutanasia y el aborto ha cobrado fuerza en Chile, con declaraciones destacadas de figuras como el arzobispo de Santiago, Fernando Chomalí, y el diputado Vlado Mirosevic. En una entrevista con Canal 24 Horas, Chomalí describió ambos procedimientos como «actos de violencia», manifestando su rechazo hacia los proyectos de ley impulsados por el actual gobierno. Además, el arzobispo expresó su intención de defender el derecho a la objeción de conciencia, insistiendo en que «nadie puede obligar a una persona a ir en contra de su conciencia».
Por otro lado, el diputado Mirosevic, principal impulsor del proyecto de eutanasia, se mostró optimista sobre la aprobación de la ley, afirmando que cuenta con el respaldo del presidente y que espera su votación en el Senado para octubre. Según Mirosevic, este proyecto cuenta con un 80% de apoyo en la sociedad chilena, lo que refleja un consenso público, aunque no completamente reflejado en el ámbito político.
En respuesta a las declaraciones del arzobispo, Mirosevic subrayó que el proyecto de eutanasia es «una ley humanitaria», y que ninguna persona ajena puede decidir por el paciente. Además, hizo un llamado a la oposición a no imponer creencias religiosas a través de las leyes, defendiendo el derecho a una discusión basada en información precisa y en el respeto a las libertades individuales.
Este enfrentamiento entre las posiciones religiosas y las propuestas legislativas sigue alimentando el debate en torno a los derechos del paciente y el papel de la objeción de conciencia en el sistema de salud.





